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El camino de la eterna juventud

  • 17 noviembre, 2010
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Quién no ha deseado y soñado alguna vez con la eterna juventud, que tanto él como su familia vivan y sean jóvenes eternamente. Es el sueño y el anhelo de cualquier ser humano, que sabe que todo tiene un principio y un final, que ese es nuestro destino, y que todo responde a un ciclo evolutivo presente en toda forma de vida. Es inevitable. La Ciencia establece que el envejecimiento se debe a una degeneración celular,  a determinadas alteraciones que se producen en un organismo con el paso del tiempo y que conducen a pérdidas funcionales y a la muerte. Según algunos estudios científicos, la degeneración celular comienza a partir del momento de la máxima vitalidad, alrededor de los 30 años en el hombre.

 

Hoy en día los expertos en medicina nos reiteran una y otra vez la importancia de mantener un estilo de vida sano, mejorar nuestra calidad de vida con la adquisición de ciertos hábitos saludables que, si bien obviamente no nos hará inmortales, sí nos redundarán en beneficios futuros, especialmente cuando entremos en esa ya conocida etapa como “la tercera edad”.

 

Una buena alimentación, la no ingesta de alcohol y de tabaco, hacer deporte con asiduidad, evitar alteraciones emocionales perjudiciales y situaciones de stress, son algunos de los consejos recetados por nuestro médico a la hora de indicarnos como debemos mejorar nuestra salud para obtener beneficios a largo plazo.

 

Pues bien, yo he encontrado un camino, más bien un atajo para esquivar a la madre naturaleza. He descubierto una receta si bien la cual tiene miles de años, para muchos, hoy en día, pasa desapercibida. No es una pócima mágica o un medicamento revolucionario, es la práctica de una actividad milenaria conocida, En su conjunto, como Artes Marciales.

 

Para los que no estén familiarizados con las Artes Marciales, ésto sonará a risa, a ridículo, y por la mente de más de uno pasará la expresión “vaya estupidez”. Bueno, respeto la opinión de ese colectivo, pero antes de criticar o alabar cualquier cosa o método, hay que comprobar su eficacia o validez, sus pros y sus contras, sus beneficios o sus perjuicios. Y en la práctica de las Artes Marciales, sinceramente, he encontrado más cosas buenas que malas.

 

En primer lugar observo a mi Maestro. Si no recuerdo mal tiene 43 años, pero una condición física envidiable y una intensidad de entrenamiento que a muchos de nosotros, más jóvenes, nos cuesta mantener. Imparte varias clases a lo largo del día, y en cada una de ellas  entrega lo máximo de sí mismo. Realizando indagaciones de hemeroteca, encuentro que, a lo largo del siglo XX, ha existido una generación de maestros marciales con una fuerza y dinamismo impropias a ciertas edades longevas. Maestros como Choi Hong Hi, fundador del Taekwondo, que falleció a la edad de de 84 años, o el maestro Morihei Ueshiba (1883 – 1969), fundador del conocido y popular Aikido, o casos como el de Hélio Gracie (1913-2009), fundador del Brazilian Jiu-Jitsu, Arte Marcial que practicó con gran vitalidad y entusiasmo hasta el último día de su vida. Pero me sorprendo aún más cuando encuentro a grandes maestros internacionales de disciplinas como el Karate, especialmente el practicado en Okinawa, que a pesar de haber superado la barrera de los 80 años, continúan entrenando a un nivel impensable para dichas edades. Sin ir más lejos, el maestro Gichin  Funakoshi falleció a la edad de 89 años. Y que decir de nuestro Maestro fundador, el Gran Maestro Ji Han Jae, que a sus 74 años continua impartiendo seminarios por todo el mundo con una vitalidad asombrosa, y espero que por muchísimos años más. La lista es interminable.

 

¿Dónde está el secreto, como es posible seguir con tanta vitalidad y entusiasmo a esas edades?. Ahí reside el misterio. Puede que la misticidad y la espiritualidad que rodean a las Artes Marciales, unidas a su continuo condicionamiento físico y mental tengan algo que ver para explicar como un anciano de entre 70 u 80 años pueda desenvolverse con agilidad y maestría en situaciones que, para muchas personas de la misma edad serían una utopía. Quizás, con la andadura emprendida para la búsqueda de nuestro camino, nuestro DO, consigamos averiguarlo en el futuro. De momento me niego a que la madre naturaleza me gane terreno. ¿Cuántos de nosotros no ha escuchado a alguien en nuestros respectivos trabajos quejarse de que si le duele la espalda, el lumbago, el hombro o las rodillas?. ¿Cuántos de ellos, en plan sarcástico, sugieren como solución a sus males, una larga “baja médica” o unas “buenas vacaciones”?. ¿Cuántos de ellos probablemente no tengan ni 40 años pero prácticamente los aparentan?. Y curiosamente son ellos los que nos ven como “bichos raros” cuando nos ven vestidos con nuestras vestimentas de entreno marcial o cuando nos ven realizando técnicas de respiración y concentración. En fin…

 

Se que algún día la Madre Naturaleza me ganará la Guerra, pero seguro que le ganaré más de una batalla. No se lo pondré nada fácil, ni me rendiré tan pronto como el resto de la gente. Voy a pelear por ello hasta el final, ¿me acompañas?.

 

“A mi Maestro Juan José Martín por introducirse en este apasionado mundo de las Artes marciales y a mis compañeros del Dojo por los buenos momentos que disfrutamos durante nuestros entrenamientos. GRACIAS”.

 

David Romero | Shotokan Montequinto

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