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ESPERANDO AL GRUPO III

  • 3 marzo, 2019
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¿Qué hace una monitora de Karate cuando está de vacaciones? Pues sin duda, descansar,
como todos. Pero también echar mucho de menos a sus alumnos.
No sabéis lo largo que se pueden hacer dos meses de verano. Hecha a una rutina de no parar,
de estar rodeada de pequeños que siempre tienen mil anécdotas que contar, muchas cosas
que experimentar y que hacen que siempre debas estar alerta, cuando eso se acaba, aunque
sea momentáneamente, no te hallas.
He estudiado lo que me gusta, y tengo la profesión que elegí, y aunque os pueda parecer
mentira, los momentos más gratificantes los tengo con estos enanos en el Dojo.
Fui la más feliz del mundo cuando vi la foto de mi Alejandra Triano en Disneyland París
practicando Karate. Ni siquiera los más pequeños se olvidan de sus orígenes. Y no sabéis lo que
estoy echando de menos sus abrazos y sus “te quiero seño” sin venir a cuento, ya que esos son
los verdaderos. Sin duda, mi pegatina como yo la llamo es la más cariñosa del grupo. También
es la más pequeña de todos, y la protegida de sus compañeros.
No se me olvida cómo actúan los grandes con los más pequeños, siempre dispuestos a echarles
una mano, y siempre colocando cinturones y ayudándome a recoger materiales cuando ya no
doy a basto.
Los hay insaciables en katas como Andrés. Los hay que no se cansan de hacer “geris” como
Iván. Ellos siempre quieren más. Es ese espíritu de superación que tanto me gusta que prime
en clase. Al igual, os tengo que contar que me vuelven loca con sus historietas, y además
hablan para mi y el resto del vecindario, y es que a veces no resulta nada fácil llevarlos, pero
hasta eso se echa de menos cuando te llevas dos meses con tanto silencio.
Mis hermanos Cárdenas ¡cuánto quiero yo a esos niños! Y a su madre Irene, ella es una
número uno. Esta familia es referente para mi. Reto profesional y personal que no sé si atiendo
exactamente como debo, pero del que tengo recompensa desde el primer día, y ese es Pedro.
Es mi regalo, y siempre lo será. Y Marco, de él espero que el día de mañana sea periodista o
comunicador como yo, me recuerda tanto a mi, tímido al principio pero en cuanto nos dan
cuerda con millones de cosas por contar. Son atentos y cariñosos, estos niños son mi debilidad.
También echo de menos sus sonrisas, porque los niños tienen la facilidad de ser felices, y
hacerte feliz a ti con ellos. Esa sonrisa imborrable de Yeray que hace que me cueste la vida
misma el ponerme seria. Los chistes de Christian, o mis miradas cómplices con Sergio cuando
dejo de entender lo que ocurre.
Y es que una nació unos cuantos años antes que ellos, y no me alcanza la vida para estar al día
de sus modas, los videojuegos que les gusta, las coletillas que se sueltan en el cole… pero ahí
estoy intentándolo, curso tras curso.
Son mis conversaciones antes de entrar al tatami con “Uni”, técnico y obediente donde los
haya.
¡Tengo tantas, pero tantas cosas que contar de este grupo!
Y mis niñas… aquí muero yo. Mi Mari Pili como yo la llamo, que este curso no estará con
nosotros, pero estoy segura que seguirá aprendiendo muchísimo en Madrid y en cuanto
menos nos demos cuenta estará de vuelta en el SKM5. Y Sofía, ese lienzo en blanco perfecto
para pintar. Formal y risueña, siempre dispuesta.
Mis mellizos de la Rosa, ellos son el jin el jan, y a mi me traen loca de un lado a otro, pero
revolucionan la clase con risas con todo lo que tienen siempre que contar.
¡Y no sé si están todos los que son! Hay quienes suben de nivel este próximo curso, y hay
quienes llegan nuevos a este grupo III. Y es que, tengo la suerte de tener un grupo lleno, y no
hablo de espacio en clase literalmente, hablo de compañerismo. De eso vamos bien grupo III. Y
creo que es lo más importante.
¡Os veo pronto karatekas!
Inma Martín
Monitora grupo III de Karate
del Shotokan Montequinto.

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