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Estiramientos. Ejercicios de vida

  • 17 noviembre, 2010
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Seguramente, al leer la palabra “estiramientos” en el título de este artículo muchos ya estaréis esperando un largo y aburrido cuadro de estiramientos para realizar al acabar las sesiones de entrenamiento, ni mucho menos. En este artículo encontraréis mi experiencia personal, que puede ser del mismo modo larga y aburrida. Aun así, y de todos modos, os la contaré entera puesto que no se puede hablar del “ahora” sin saber del “ayer”, ni del “fin” sin saber el “principio”.

 

Todo comienza cuando hace un par de años entre en el club para estudiar el Sin Moo Hapkido bajo la maestría de J. J. Martin, que a partir de ahora me referiré a él como El Maestro. Poco tiempo tardó El Maestro en darse cuenta de mi gran carencia en el campo de la flexibilidad, como también poco tiempo tardó en llegar la primera exhibición en la que yo participaría, para la cual, El Maestro, ya tenía más que claro lo que yo debía hacer en ella. Me tomaré la licencia de omitir la explicación del ejercicio que yo realizaba, por deciros en su lugar, que un 90% de él requería flexibilidad pura. Para conseguir la flexibilidad necesaria El Maestro hizo que la trabajara mucho mediante ejercicios de estiramientos que él mismo se encargaba de ponerme todas las semanas. Con esto, El Maestro consiguió que el estiramiento fuera una parte más de mi entrenamiento que yo por mi cuenta debía trabajar, llamémoslo mi trabajo para casa. Así me inculcó poco a poco, también en este campo, los valores de superación y trabajo duro, hasta convertir el estiramiento en una parte tan indispensable de mi entrenamiento como pueden ser las técnicas de defensa personal.

 

Tanto son los beneficios que le encontraba a ganar flexibilidad que empecé a buscar información y a leer sobre el tema, hasta que, como siempre pasa, por casualidad me encontré con dos hechos que me hicieron reflexionar.

 

El primero de ellos, es una frase del TAO TE CHING del Gran Maestro Lao Tse, que reza lo siguiente: “EL hombre al nacer es blando y flexible, y al morir queda rígido y duro. Las plantas al nacer son tiernas y flexibles, y al morir quedan duras y secas. Lo duro y lo rígido son propiedades de la muerte. Lo flexible y blando son propiedades de la vida. Por esto, la fortaleza de las armas es la causa de su derrota, y el árbol robusto es abatido. Lo duro y fuerte es inferior y lo blando y frágil es superior.”  No caben comentarios para tal verdad.

 

El segundo fue un video, un monje Shaolin con 71 años llevaba realizando durante toda su vida  estiramientos que para mi se antojaban imposibles de llevar a práctica, además de rebosar vitalidad a la avanzada edad que tenía. Varias ideas se me vinieron a la mente al reflexionar sobre los dos hechos. Si como dice Lao Tse lo rígido y lo duro son propiedades de la muerte, yo con 22 años, ¡tengo más propiedades de la muerte que el monje Shaolin de 71 años! un hombre que de vivir en una sociedad occidental como la nuestra, seguramente no podría agacharse sin resentir la zona lumbar o sus articulaciones. Sin embargo, no era esto lo más importante que paso por mi cabeza en esas largas horas que pasé delante de mi taza de té reflexionando sobre este tema. En mi mente se estaba formando una idea, una máxima, simple y clara como un manantial de agua pero no por ello menos cierta: “al estirar ablando mi cuerpo, lo hago flexible, más moldeable a distintas posiciones o situaciones y, por lo tanto, hago que tenga las propiedades de la vida que ya descubrió Lao Tse. Como consecuencia, sólo encuentro una conclusión: si el estiramiento me nutre de las propiedades de la vida, el estiramiento es un ejercicio de vida”.

 

Así el estiramiento ha pasado de ser una parte de mi entrenamiento a ser algo más profundo, casi místico. Cada vez que termina una sesión de entrenamiento y apuro esos últimos minutos en el Dojo para  estirar, a mi mente vienen las palabras de Lao Tse, y noto que con cada milímetro que consigo ganar de flexibilidad mi vida se alarga con ellos, noto como las conclusiones a las que he llegado no son más que mi interpretación de las de otros hombres como Lao Tse, que hace ya casi 2.500 años habían descubierto observando el mundo que nos rodea y, por supuesto, pienso en como El Maestro, hace dos años, me indicó un camino que yo debería recorrer en solitario para poder extraer de un simple ejercicio  esencias y verdades tan magnas. GRACIAS MAESTRO.

 

Alvaro Vela | Shotokan Montequinto

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